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Apocalipsis del Sistema
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Esta novela es ficción. La familia, la casa, el taller y lo que se dicen son inventados. Lo que el padre encuentra está en la obra «Apocalipsis del Sistema», con sus mismas palabras, y el índice del final dice dónde.

Capítulo 17 Crónica: Reyes, papas y pastores

En 1075, un documento auténtico reclamó para el papa «que le es lícito deponer a los emperadores».

En 1283, en Valencia, un privilegio del rey creó un tribunal para la gente del mar y para los mercaderes, y le mandó resolver sus pleitos «según la costumbre del mar». El libro de aquel tribunal, de fecha y autor inciertos, llegó a tener autoridad «en todos los países marítimos».

En 1348, en Alcalá, el rey guardó los fueros «salvo en aquello que nos falláremos que se deve mejorar e emendar». La costumbre seguía en pie mientras el que hacía las leyes no dijera otra cosa. La ley escrita quedaba por encima.

Hacia 1355, un maestro de París escribió contra los reyes de su tiempo, que alteraban la moneda: «cuanto lucro saca de ello el príncipe, otro tanto daño ha de sufrir necesariamente la comunidad».

En ese mismo siglo, en el norte de África, un pensador escribió que la cohesión del grupo lleva al poder, que el lujo es uno de sus obstáculos y que «la dinastía, por lo general, no dura más de la vida de tres generaciones».

El 13 de octubre de 1375, en Ansó, una sentencia puso fin a las guerras de los pastores de dos valles, el de Roncal, en Navarra, y el de Baretous, en el Bearne. De las muertes, que «quedasen las unas por las otras». Y un tributo de tres vacas, «perpetuamente […] el día trece de julio de cada un año». Desde entonces se cumple cada año. El original se perdió en un incendio, y hoy se lee en una copia publicada en 1946.

Un documento que había sostenido durante siglos un poder político, la llamada Donación, se demostró falso en 1440, cuando un estudioso escribió su tratado sobre él.

En 1546, en Trento, la lista de los libros de la Biblia se cerró para los católicos. El Libro de Enoc se quedó fuera.

Hacia 1548, un francés escribió que el tirano «se deshace por sí mismo, con tal de que el país no consienta su servidumbre», y preguntó: «¿de dónde ha sacado tantos ojos con los que os espía, si no se los dais vosotros?». Lo que más enseña a servir, escribió, es la costumbre, que «en nada tiene tanta fuerza como en enseñarnos a servir».