Saltar al contenido
Apocalipsis del Sistema
Menú
Empezar a leer

Esta novela es ficción. La familia, la casa, el taller y lo que se dicen son inventados. Lo que el padre encuentra está en la obra «Apocalipsis del Sistema», con sus mismas palabras, y el índice del final dice dónde.

Capítulo 14 Crónica: Juez de su propia causa

Hacia el año 220, un cronista que trabajaba para el emperador leyó a los «hijos de Dios» de un pasaje del Génesis como hombres, y no como ángeles.

En el año 319, un emperador romano decretó que la costumbre no vale tanto «como para vencer a la razón o a la ley». La ley escrita quedaba por encima de la costumbre.

En el 325, en el concilio de Nicea, el único de sus cánones que cita la Escritura es contra los clérigos que prestaban con usura, que «han olvidado la divina Escritura, que dice: “No dio su dinero a usura”».

Se cuenta, y se cuenta mucho, que en Nicea se decidió qué libros entraban en la Biblia y se escondieron los demás. Los cánones de Nicea no hablan de ello. La única noticia antigua dice de oídas que Nicea incluyó un libro, no que quitara ninguno, y la leyenda de los libros que caían del altar la difundió, mucho después, un escritor que se reía de ella. Lo que circula no tiene documento.

La lista de los libros se fue cerrando despacio, entre los años 367 y 419. En medio, en el 376, el derecho romano dejaba escrito que nadie debe «ser juez de sí mismo ni dictarse el derecho a sí mismo». En el 419, un concilio de Cartago fijó la lista sin el Libro de Enoc, y con el libro se rechazó su relato de los ángeles que se unieron a las mujeres. La razón que se dio fue la duda sobre su antigüedad y su autoría. La Iglesia etíope lo conservó.

El autor lo lee así: el libro que contaba la caída de los ángeles quedó fuera del canon de Occidente, y se decidió dentro de una Iglesia ligada al poder imperial; para él es «una casualidad demasiado conveniente: quien quedaba señalado por esos textos fue quien decidió sobre ellos, y nadie debe ser juez en su propia causa». Los hechos tienen también su contrapunto: la lista común conservó el aviso de los ángeles caídos y los textos que más deslegitiman a los reyes.

Y en el siglo VII, el islam dejó escrito: «Alá os ordena que restituyáis los depósitos a sus propietarios y que cuando decidáis entre los hombres lo hagáis con justicia». Y también: «Alá ha autorizado el comercio y prohibido la usura». Y del que debe y no puede pagar: «Si está en apuro, concededle un respiro hasta que se alivie su situación. Y aún sería mejor para vosotros que le condonarais la deuda».