Esta novela es ficción. La familia, la casa, el taller y lo que se dicen son inventados. Lo que el padre encuentra está en la obra «Apocalipsis del Sistema», con sus mismas palabras, y el índice del final dice dónde.
Capítulo 2 Crónica: El huerto
Según cuenta el Génesis, al principio había un huerto, y en medio del huerto, dos árboles: «también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de ciencia del bien y del mal».
La orden era una sola. Se podía comer de todo: «De todo árbol del huerto comerás». De todo menos de uno: «Mas del árbol de ciencia del bien y del mal no comerás de él; porque el día que de él comieres, morirás».
El relato no dice cuándo pasó lo que cuenta, y cuándo se escribió es cosa que se discute. Lo que sí dice, paso a paso, es cómo entró el engaño. Entró en tres jugadas.
La primera fue darle la vuelta a la orden. La serpiente no preguntó por el único árbol prohibido, sino por todos: «¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?». La mujer contestó, y al contestar añadió algo que en la orden no estaba: «ni le tocaréis».
La segunda fue negar la consecuencia sin dar ningún dato: «No moriréis».
La tercera, atribuir un motivo: «Mas sabe Dios que el día que comiereis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como dioses sabiendo el bien y el mal».
Nadie fue a preguntar a quien había dado la orden. La mujer decidió por lo que veía: el árbol era «bueno para comer, y que era agradable á los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría». Y comieron.
Los frutos llegaron enseguida, y el relato los cuenta uno detrás de otro. Primero, el miedo: «tuve miedo, porque estaba desnudo; y escondíme». Después, la acusación en cadena: el hombre culpó a la mujer, y la mujer, a la serpiente. Y al final, la salida del huerto. En el camino del otro árbol quedaron «querubines, y una espada encendida que se revolvía á todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida».
El texto no dice manzana: dice «del fruto del árbol que está en medio del huerto». No llama diablo a la serpiente; eso lo dijeron textos posteriores. Y no dice que el hombre fuera inmortal por naturaleza: la vida para siempre dependía del otro árbol, el que quedó guardado.